…¡LA AMENAZA DEL NEOPENTECOSTALISMO!...

¿Qué hay del movimiento de restauración de: APÓSTOLES Y PROFETAS?

Autor: Jaime Mazurek 

Con el reciente cambio de si­glo, en el mundo Pentecostal carismático    latinoameri­cano   se   ha   experimentado un gran fervor por la restauración de los oficios de apóstoles y profetas a la iglesia.

 

Hay quienes afirman que la iglesia ha sufrido muchos retrasos en su misión por la falta de estos oficios y que el sistema de gobierno denominacional actual no sirve.

 El nuevo paradigma que proponen es que las iglesias se asocien en redes, y que tales sean goberna­das por apóstoles y profetas. Se propone al "ministerio quíntuple" de apóstol, profeta, evangelista, pastor y maestro como el equipo ministerial esencial para toda iglesia.

Muchos ministros y creyentes han recibido a estas iniciativas con bra­zos abiertos, como una auténtica restauración del orden neotestamentario y una añorada respuesta a sentidas necesidades. Pero, cabe preguntar si las bases de estas pro­puestas son sólidas y bíblicas.

 ¿Será cierto que las iglesias del primer siglo se agrupaban en "re­des apostólicas" y que como tales eran gobernadas por apóstoles? ¿Es cierto que un "equipo ministerial quíntuple" realizaba la obra ministe­rial en cada congregación? Sin lugar a dudas, apóstoles y profetas cum­plieron un rol vital, uno que no po­dría ser hecho por otros, en la iglesia primitiva.

 Efesios 2:20 describe a la iglesia de Cristo como un edificio que se edifica sobre "el fundamento de los após­toles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo."

 

Eph 2:20…edificados sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular.

 En Efesios 3:5, Pablo describe el mensaje del evangelio de la gracia de Dios hacia los gentiles como un misterio que en ese tiempo había sido revelado a los santos apóstoles y profetas, por el Espíritu.

 

Eph 3:5 Ese misterio, que en otras generaciones no se les dio a conocer a los seres humanos, ahora se les ha revelado por el Espíritu a los santos apóstoles y profetas de Dios;

 Ese rol fundacional y revelacional que cumplieron los apóstoles y profetas fue clave en la fundación de la igle­sia. Los apóstoles se extendieron por todo su mundo conocido, com­partiendo el mensaje de salvación por gracia para todo el que creyere,

 confirmándolo con su propio testi­monio de la resurrección de Cristo (Hch. 1:22; 2:32; 3:15; 4:33; 5:32; 10:39, 41; 13:31; 1 Jn 1:1).

 

Act 1:22  comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba,  uno sea hecho testigo con nosotros,  de su resurrección.

 

Act 2:32 A este Jesús, Dios lo resucitó, y de ello todos nosotros somos testigos.

Act 3:15 Mataron al autor de la vida, pero Dios lo levantó de entre los muertos, y de eso nosotros somos testigos.

 

 

Act 4:33 Los apóstoles, a su vez, con gran poder seguían dando testimonio de la resurrección del Señor Jesús. La gracia de Dios se derramaba abundantemente sobre todos ellos,

 

Act 5:32 Nosotros somos testigos de estos acontecimientos, y también lo es el Espíritu Santo que Dios ha dado a quienes le obedecen.

 

 

Act 10:39 Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. Lo mataron, colgándolo de un madero,

Act 10:40 pero Dios lo resucitó al tercer día y dispuso que se apareciera,

Act 10:41 no a todo el pueblo, sino a nosotros, testigos previamente escogidos por Dios, que comimos y bebimos con él después de su resurrección.

 

El derramamiento del Espíritu San­to en el día de Pentecostés fue el cumplimiento de la profecía de Joel 2:28, inaugurando la era del Espíri­tu, donde todos los hijos de Dios, sin importar su edad, género o es­tado social serían voces proféticas. No cabe duda que seguimos en esa era.

 

Joe 2:28  "Después de esto, derramaré mi Espíritu sobre todo el *género humano. Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán, tendrán sueños los ancianos y visiones los jóvenes.

Joe 2:29  En esos días derramaré mi Espíritu aun sobre los siervos y las siervas.

 Pero, ¿qué hemos de pensar so­bre el movimiento actual de res­tauración de apóstoles y profetas, con las particularidades que se les atribuyen? Una breve comparación de las enseñanzas actuales con las Escrituras inspiradas nos puede ayudar a formar una opinión.

 

SOBRE LOS APÓSTOLES

 

El restauracionismo apostólico actual enseña que las iglesias de hoy deben integrarse a las nuevas "redes apostólicas" y gozar de la "cobertura apostólica". Sin embar­go, el Nuevo Testamento no revela una situación acorde con eso. No se ve a las iglesias existiendo en "redes apostólicas".

El gobierno de cada iglesia local residía en manos de ancianos y diáconos. (La iglesia de Jerusalén sí comenzó con liderazgo exclusi­vamente apostólico, pero esto fue cambiando con el tiempo, hasta quedar enteramente en manos de ancianos y diáconos-Hch. 21:18.)

 

Act 21:18 Al día siguiente Pablo fue con nosotros a ver a Jacobo, y todos los ancianos estaban presentes.

 

 

Tampoco se ve en el Nuevo Tes­tamento que algún apóstol haya ido a una iglesia fundada por otro, para invitarla a ingresar a su "red apostólica personal" para así gozar de su "cobertura". Por lo contrario, se resistía cualquier posibilidad de semejante acción de edificar sobre fundamento ajeno (Rom. 15:20).

Rom 15:20 En efecto, mi propósito ha sido predicar el evangelio donde Cristo no sea conocido, para no edificar sobre fundamento ajeno.

 

Muchas iglesias fueron fundadas sin la presencia personal de un apóstol o delegado apostólico, pues los creyentes seguían generalmente las pautas de los judíos al establecer sinagogas en la diáspora (Hechos 8:1), cosa que tampoco requería la presencia del Sumo Sacerdote o algún funcionario del Gran Sanedrín.

 

Act 8:1 Y Saulo estaba allí, aprobando la muerte de Esteban. Aquel día se desató una gran persecución contra la iglesia en Jerusalén, y todos, excepto los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaria.

 

 

Hoy se enseña que el oficio del apóstol es algo permanente, y que nunca debió menguar. Pero nada hay en el Nuevo Testamento que sugiere que se percibía al oficio del apóstol como algo permanente y transgeneracional. Hay amplia información sobre los criterios a aplicar en la selección de futuras generaciones de obispos, ancia­nos y diáconos (1 Tim. 3:1-13, etc.), pero nada sobre apóstoles.

 

1Ti 3:1 Se dice, y es verdad, que si alguno desea ser obispo, a noble función aspira.3:2 Así que el obispo debe ser intachable, esposo de una sola mujer, moderado, sensato, respetable, hospitalario, capaz de enseñar; 3:3 no debe ser borracho ni pendenciero, ni amigo del dinero, sino amable y apacible.3:4 Debe gobernar bien su casa y hacer que sus hijos le obedezcan con el debido respeto; 3:5 porque el que no sabe gobernar su propia familia, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios? 3:6 No debe ser un recién convertido, no sea que se vuelva presuntuoso y caiga en la misma condenación en que cayó el diablo. 3:7 Se requiere además que hablen bien de él los que no pertenecen a la iglesia,* para que no caiga en descrédito y en la trampa del diablo. 3:8 Los diáconos, igualmente, deben ser honorables, sinceros, no amigos del mucho vino ni codiciosos de las ganancias mal habidas. 3:9 Deben guardar, con una conciencia limpia, las grandes verdades* de la fe. 3:10 Que primero sean puestos a prueba, y después, si no hay nada que reprocharles, que sirvan como diáconos. 3:11 Así mismo, las esposas de los diáconos* deben ser honorables, no calumniadoras sino moderadas y dignas de toda confianza. 3:12 El diácono debe ser esposo de una sola mujer y gobernar bien a sus hijos y su propia casa. 3:13 Los que ejercen bien el diaconado se ganan un lugar de honor y adquieren mayor confianza para hablar de su fe en Cristo Jesús.

 Al ir extendiéndose la presencia de la iglesia por todo el Imperio Romano, no hubo ningún esfuerzo para aumentar el número de apóstoles para que cada iglesia pudiera gozar de la "cobertura personal" de alguno de ellos. Con la muerte de los apóstoles, al ir estos reduciéndose en número, tampoco hubo algún esfuerzo para reemplazarlos con nuevos apóstoles para mantener un mínimo de doce.

 Esto se debe al hecho que se comprendía que los verdaderos apóstoles fueron los testigos de la resurrección de Cristo (entre los cuales Pablo se consideraba uno,  aunque de modo excepcional y final - 1Cor. 15:3-9), enviados por Él para hacer la obra fundacional de la iglesia por el mundo, y como tal, irreemplazables.

 

1Co 15:3 Porque ante todo* les transmití a ustedes lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, 15:4 que fue sepultado, que resucitó al tercer día según las Escrituras, 15:5 y que se apareció a Cefas, y luego a los doce. 15:6 Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales vive todavía, aunque algunos han muerto. 15:7 Luego se apareció a Jacobo, más tarde a todos los apóstoles, 15:8 y por último, como a uno nacido fuera de tiempo, se me apareció también a mí. 15:9 Admito que yo soy el más insignificante de los apóstoles y que ni siquiera merezco ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.

 Además de eso, ninguno de los padres apostólicos como Ignacio, Justino, Policarpo, Ireneo u Orígenes jamás se llamó a sí mismo "apóstol" ni llamó a algún contemporáneo suyo por dicho título. La patrística revela que la Iglesia, a partir del segundo siglo, com­prendió muy bien que los apóstoles fueron aquellos testigos de la resurrección de Cristo, enviados por El.

 Esto les ayudó a reconocer cuáles escritos eran inspirados y canónicos y cuáles no, cosa que contribuyó de manera fundamental en el reconocimiento del canon del Nuevo Testamento.

 De haber creído ellos en la sucesión del oficio del apóstol, y de haberse llamado "apóstol" a toda persona influyente, quizás los evangelios gnósticos y otras obras herejes hu­bieran ganado entrada.

 Gracias a Dios que no fue así. En Efesios 4:11, se nombra a apóstoles y profetas entre los ministerios dados por Cristo a la iglesia. Se usa este texto para enseñar que toda iglesia debe contar con un "equipo quíntuple" de apóstol, profeta, evangelista, pastor y maestro.

 

Eph 4:11 Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros,

 Pero tres cosas muy importantes que hay que considerar al interpretar este versículo son:

 

 

A.    En Efesios se habla de la Iglesia universal y no una determinada iglesia local

B.    El concepto de apóstol y profeta que Pablo maneja en Efesios 4 ya está definido por uso de los mismos términos en Efesios 2 y 3.

C.    Y la verdad es que en este pasaje no se describe a cinco ministerios sino a cuatro. En el  texto griego se ve con claridad que concepto "pastor - maestro" en este texto se refiere a un solo ministerio, y no a dos.

 Al mencionar en Efesios 4:11 a "apóstoles y profetas", Pablo no ha cambiado su concepto de ellos, ya expre­sado anteriormente. El orden en que se presentan los cinco ministerios mencionados ahí, acusa la intención del autor - de mostrar el proceso de la maduración de los creyentes.

 La iglesia universal ha sido fundada sobre el testimo­nio personal y la revelación dada a los apóstoles y pro­fetas, que es Cristo. Este fundamento, y este evange­lio han quedado establecidos. No hay nada más que discutir. El fundamento es Cristo crucificado y resucitado para el bien de todos los hombres.

 El mensaje de la gracia para todos está revelado. No falta más revelación. Estas obras fundacionales y revelacionales están hechas y no están sujetas a cambio alguno. Ahora bien, sobre esa base, los evangelistas deben continuar la obra de anunciar estas buenas nuevas y los pastores-maestros deben discipular y guiar  a los convertidos en su caminar con Cristo. Así se debe entender a Efesios 4:11, considerando toda la amplitud contextual que hay en la misma carta.

 Esto no quiere decir que lo dicho en Efesios 4:11 es todo lo que hay en cuanto a ministerios en la iglesia local. El tema de Efesios no es la iglesia local, sino la universal. En las iglesias locales se puede dar una gran variedad de ministerios y servicios, como se enseña en 1 Cor. 12:27-31 y Rom. 12:4-8.

 

1Co 12:27 Ahora bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno es miembro de ese cuerpo. 12:28 En la iglesia Dios ha puesto, en primer lugar, apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer lugar, maestros; luego los que hacen milagros; después los que tienen dones para sanar enfermos, los que ayudan a otros, los que administran y los que hablan en diversas lenguas. 12:29 ¿Son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Hacen todos milagros? 12:30 ¿Tienen todos dones para sanar enfermos? ¿Hablan todos en lenguas? ¿Acaso interpretan todos? 12:31 Ustedes, por su parte, ambicionen* los mejores dones. Ahora les voy a mostrar un camino más excelente.

 Pero con todo esto, es muy importante señalar que el Nuevo Testamento revela que aunque los apósto­les fueron esas personas enviadas directamente por Cristo, los seguidores de los apóstoles continuaron haciendo las obras apostólicas de plantar iglesias, nombrar ancianos, orientar, ser mentores, y realizar todo lo necesario para la extensión del evangelio en los lugares inalcanzados.

 

Hombres como Tito y Timoteo, quienes aunque no se les llamó "apóstoles" sino "hermanos", "hijos" y cosas seme­jantes (véase Gal. 1:1:2; Col. 1:1; Tito 1:1-4; 1 Timoteo 1:1-2; 2Timoteo 1:1-2 etc.) hicieron obras "apostólicas". Es decir, continuaron la labor misionera, pionera, orienta­dora de sus mentores apóstoles, tal como lo debemos hacer nosotros.

 

Gal 1:1 Pablo, apóstol, no por investidura ni mediación humanas, sino por Jesucristo y por Dios Padre, que lo levantó de entre los muertos; 1:2 y todos los hermanos que están conmigo, a las iglesias de Galacia:

 

Col 1:1 Pablo, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo,

 

Tit 1:1 Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, llamado para que, mediante la fe, los elegidos de Dios lleguen a conocer la verdadera religión.* 1:2 Nuestra esperanza es la vida eterna, la cual Dios, que no miente, ya había prometido antes de la creación. 1:3 Ahora, a su debido tiempo, él ha cumplido esta promesa mediante la predicación que se me ha confiado por orden de Dios nuestro Salvador. 1:4 A Tito, mi verdadero hijo en esta fe que compartimos: Que Dios el Padre y Cristo Jesús nuestro Salvador te concedan gracia y paz.

 

1Ti 1:1 Pablo, apóstol de Cristo Jesús por mandato de Dios nuestro Salvador y de Cristo Jesús nuestra esperanza, 1:2 a Timoteo, mi verdadero hijo en la fe: Que Dios el Padre y Cristo Jesús nuestro Señor te concedan gracia, misericordia y paz.

 

2Ti 1:1 Pablo, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, según la promesa de vida que tenemos en Cristo Jesús, 1:2 a mi querido hijo Timoteo: Que Dios el Padre y Cristo Jesús nuestro Señor te concedan gracia, misericordia y paz.

 

 Para finalizar estas breves observaciones sobre los apóstoles, cabe también señalar que es preocupante el estatus que se brinda hoy a los nuevos apóstoles. En muchos lugares se les tiene como a súper estrellas. Abundan testimonios de nuevos apóstoles muy exigentes, que demandan ser alojados en los mejores hoteles y comer en los mejores restaurantes. Esto es lo más anti-apostólico que podría haber.

SOBRE LOS PROFETAS

Un ministerio que en verdad tenga cualidades apos­tólicas hoy debe ser más que ninguna otra cosa, un ministerio que en vez de cosechar donde nunca sem­bró, busca cómo sembrar en tierras nuevas. ¿Por qué los apóstoles modernos no se esfuerzan para ir en persona a lugares como Corea del Norte, Libia o Arabia Saudita para predicar el evangelio? ¿Por qué prefieren quedarse en los lugares donde ya hay tantas iglesias, procurando enseñorearse de ellas?

 Esta gran falta de auténtico espíritu apostólico en los que reclaman ser precisamente, apóstoles, es algo que debiera preocuparnos a todos.

 No cabe duda que la profecía es una parte esencial de la vida de la iglesia, las Escrituras lo afirman. Pero hay que entender bien qué enseñan las Escrituras sobre esto.

 Ya se ha comentado el rol fundacional-revelacional de apóstoles y profetas en este ensayo. Los profetas participaron juntamente con los apóstoles en la com­prensión del misterio del nuevo pacto, que los gentiles ahora son parte del pueblo de Dios.

 El don de profecía es uno de los carismas del Espíritu Santo que Cristo ha dado a su iglesia. Es un don necesario para la expansión del reino de Dios. Por eso mismo es imperativo que se entienda bien cuál es su función y cómo se debe manejar.

 El profeta en el Nuevo Testamento era similar a su par del Antiguo Testamento en que no cumplía una fun­ción de gobierno, sino de influencia. Nada había en la ley de Moisés sobre los profetas - sus requisitos, obligaciones, etcétera, tal como lo que sí había sobre los sacerdotes. Los profetas eran hombres de varia­dos trasfondos, pero todos llamados por Dios para ser sus mensajeros.

Su función no era traer algo nuevo y diferente, sino impulsar a un pueblo pecador a regresar a las condi­ciones del pacto que Dios había suscrito con ellos. Denunciaban los pecados de la nación, advertían del juicio venidero, llamaban al arrepentimiento y anuncia­ban al Mesías y al gran Día del Señor  venideros.

 Con la venida de Cristo, el rol primordial y protagónico de los profetas fue concluido (Heb. 1:1:2), pues uno mejor que todos ellos había venido.

 

Heb 1:1 Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas, 1:2 en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo. A éste lo designó heredero de todo, y por medio de él hizo el universo.

 Ese fue también el mensaje que Dios, el Padre, comunicó a los discípulos en el Monte de Transfiguración, cuando Pedro quería levantar tres chozas para que Moisés, el dador de la ley, Elías, el más grande de los profetas, y Jesús, el Mesías, pudiesen permanecer juntos.

 Pedro ni se daba cuenta que hablaban sobre la pronta pasión de Cristo, el cumplimiento de todo lo que la ley y los profetas habían vaticinado. El Padre corrigió la actitud de Pedro al declararle con gran voz, que Jesucristo era su Hijo, y que a Él se le debía oír. El tiempo de Moisés y Elías había pasado, pues Jesús era el cumplimiento cabal de todo lo que ellos habían hablado (Mat. 17:1-8).

 

Mat 17:1 Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, el hermano de Jacobo, y los llevó aparte, a una montaña alta. 17:2 Allí se transfiguró en presencia de ellos; su rostro resplandeció como el sol, y su ropa se volvió blanca como la luz. 17:3 En esto, se les aparecieron Moisés y Elías conversando con Jesús. 17:4 Pedro le dijo a Jesús: --Señor, ¡qué bien que estemos aquí! Si quieres, levantaré tres albergues: uno para ti, otro para Moisés y otro para Elías. 17:5 Mientras estaba aún hablando, apareció una nube luminosa que los envolvió, de la cual salió una voz que dijo: "Éste es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él. ¡Escúchenlo!" 17:6 Al oír esto, los discípulos se postraron sobre su rostro, aterrorizados. 17:7 Pero Jesús se acercó a ellos y l os tocó. --Levántense --les dijo--. No tengan miedo. 17:8 Cuando alzaron la vista, no vieron a nadie más que a Jesús.

 Vemos entonces, que el ministerio profético en esta era cristiana es, sobre todo, el ministerio de la proclamación del Señorío de Cristo. No hay mensaje más profético que "Jesucristo es el Señor". Apocalipsis 19:10 nos enseña que "el espíritu de la profecía es el testimonio de Jesús".

 

Rev 19:10 Me postré a sus pies para adorarlo. Pero él me dijo: "¡No, cuidado! Soy un siervo como tú y como tus hermanos que se mantienen fieles al testimonio de Jesús. ¡Adora sólo a Dios! El testimonio de Jesús es el espíritu que inspira la profecía."

 

 

El que profetiza hoy debe hacer lo mismo, anunciar a Cristo. Joel 2:28 prometió que con el derramamiento del Espíritu habría don de profecía en boca de jóvenes, ancianos, hombres y mujeres, esclavos y libres. Cristo hablaba de lo mismo en Hechos 1:8 cuando dijo, "... cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu San­to... me seréis testigos".

 Muchos hoy piensan que la profecía es un asunto de "leerle la suerte a la gente", ser un adivino. Pero eso no es profecía en el sentido cristiano. El profeta del Antiguo Testamento miraba hacia el futuro para ver a Cristo, un mensaje profético hoy en día mira hacia el pasado, mira hacia Cristo, crucificado y resucitado, y proclama su señorío.

 Indudablemente, Dios usa a personas en funciones proféticas hoy también para dar directrices específicas a de­terminadas personas sobre determinadas situaciones.

 Hay amplia evidencia de esto en el Nuevo Testamento (Ej. Hch. 21:10-11), como también muchos testimo­nios de la actualidad de cómo Dios ha dirigido a al­guien para advertir o orientar a otra persona en medio de alguna situación particular.

 Act 21:10 Llevábamos allí varios días, cuando bajó de Judea un profeta llamado Ágabo. 21:11 Éste vino a vernos y, tomando el cinturón de Pablo, se ató con él de pies y manos, y dijo: --Así dice el Espíritu Santo: 'De esta manera atarán los judíos de Jerusalén al dueño de este cinturón, y lo entregarán en manos de los gentiles.'

 Pero esas son palabras de la ocasión, exclusivas para la persona intencionada, y no se deben considerar como revelación para toda la Iglesia. La revelación ya está dada, y esta nos sirve de instrumento de medición para juzgar las profecías para ver si son palabras que proceden del Espíritu, o del hombre (1 Cor. 14:29).

 

1Co 14:29 En cuanto a los profetas, que hablen dos o tres, y que los demás examinen con cuidado lo dicho.

 La Palabra nos advierte que enunciar una palabra profética es una función sumamente sagrada y seria. No es una liviana frase repetida al que está sentado a su lado en algún culto. El que la da será juzgado por su cumplimiento o no. Es la voz santa de Dios que el Espíritu Santo envía por medio de un siervo, sea niño, joven o adulto, para advertir, redargüir, o animar y siempre llevar al receptor hacia una relación más estrecha con su Redentor.

 

En resumidas cuentas, no nos dejemos arrastrar por fervores basados más en malas interpretaciones bíbli­cas que en otra cosa. El movimiento actual de restau­ración de apóstoles y profetas debe ser descartado como alternativa viable de gobierno eclesiástico.

Las iglesias durante el Nuevo Testamento fueron ben­decidas por los apóstoles y profetas, pero no gober­nadas por ellos.

 

Además de eso, hay que ver muy bien cuáles son las motivaciones, las prioridades, y las enseñanzas de quienes desean influir en las iglesias. Sobre todas las cosas, que seamos estudiantes rigurosos de las Es­crituras, que comprendamos bien las verdades que ahí se revelan sobre las iglesias y que el mensaje profético de Cristo crucificado, resucitado y reinante siga siendo nuestra primera prioridad.

 

Nota de la redacción de eltiempofinal.com: Por considerarlo de marcado interés para la iglesia del Señor, nos permitimos publicar el anterior artículo que aunque no ha sido tratado a profundidad, sí de una manera sencilla y fácilmente comprensible por sabios, tanto expertos como neófitos.

 Además dejamos abiertas nuestras páginas a aquellos que deseen tratar sobre tan delicado tema del noepentecostalismo  y su mal llamado “Movimiento de restauración de apóstoles y profetas” que al servicio del movimiento seudo religioso de la “Nueva Era”, lo único que busca es contrarrestar la acción de la Iglesia, para que ésta a su vez no enfrente el más grande reto que se le presenta para este siglo XXI, como lo es el movimiento en mención.

 

Finalmente, nos encantaría saber de usted. Puede enviarnos un E-Mail a cuadrangular50@yahoo.es

Dios le bendiga.