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La Verdadera Adoración
(basado en el Salmo 50 - 1ª
parte)
Autor:
Samuel Rindlisbacher
Muchas personas están familiarizadas con las palabras del verso 15,
del Salmo 50: “Invócame en el día de la
angustia, te libraré y tú me honrarás“. Pero ellas están
en un contexto que debería ser contemplado en toda su plenitud, para
abordar adecuadamente el tema principal del Salmo, que es: la
adoración genuina a Dios, la verdadera alabanza, tal como a Él le
agrada.
La
verdadera adoración – según el Salmo 50. El versículo 15 de este
salmo dice así:
“E invócame en el día de la angustia;
te libraré, y tú me honrarás”.
En primer lugar: La verdadera
adoración en la creación: La verdadera adoración a Dios
comienza en la creación: “El Dios de
dioses, El Señor, ha hablado, y convocado a la tierra, desde el
nacimiento del sol hasta donde se pone”
(dice el versículo 1). Aquí vemos que el verdadero
propósito de la creación es adorar a Dios. Y así también lo dice el
Salmo 19, verso 2, con estas hermosas palabras:
“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el
firmamento anuncia la obra de sus manos”.
En segundo lugar: La verdadera adoración revela la grandeza y la
santidad de Dios
En los versículos 2 y 3 leemos: “De
Sion, perfección de hermosura, Dios ha resplandecido. Vendrá nuestro
Dios, y no callará; fuego consumirá delante de él, y tempestad
poderosa le rodeará”.
La verdadera adoración a Dios siempre muestra su grandeza y
santidad, siendo ése su contenido. En la Biblia se pueden observar
aquellos momentos en que Dios se revela directamente a los hombres,
en lo que se denomina teofanía. En Éxodo 3:6, leemos lo siguiente de
cuando Dios se encontró con Moisés:
“Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a
Dios”. En el libro de
Isaías, en el cap. 6, vers. 5, éste exclama:
“¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y
habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos…”
Acerca de la reacción de Elías, leemos en 1 Reyes 19:13: éste cubrió
“su rostro con su manto”. Y en Hechos 9:6 leemos que Pablo se
desplomó, y: “temblando y temeroso,
dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga?”
Así vemos, que la verdadera adoración a Dios lo tiene a Él mismo
como contenido. Esto incluye el temor ante su santidad, y nos
estimula a llevar a cabo un estilo de vida acorde a ello.
Debemos reconocer, también, que existe: La falsa adoración
¡Y precisamente lo que Dios lamenta en el Salmo 50, es la falta de
ese estilo de vida del que hablamos anteriormente! Los versículos 4
al 6 dicen: “Convocará a los cielos de
arriba, y a la tierra, para juzgar a su pueblo. Juntadme mis santos,
los que hicieron conmigo pacto con sacrificio. Y los cielos
declararán su justicia, porque Dios es el juez”.
Dios toma a los cielos y a la tierra como testigos, y le
recuerda a su pueblo el pacto que hicieron con Él. Por consiguiente,
eleva una queja contra Israel. Es una queja contra los rituales
externos y vacíos, la adoración a Dios que carece de contenido. Este
lamento puede trasladarse a nuestros días, a ¡un cristianismo sin
Cristo!
Escuchemos las duras palabras de los versos 7 al 13:
“Oye, pueblo mío, y hablaré; escucha, Israel, y testificaré contra
ti: Yo soy Dios, el Dios tuyo. No te reprenderé por tus sacrificios,
ni por tus holocaustos, que están continuamente delante de mí. No
tomaré de tu casa becerros, ni machos cabríos de tus apriscos.
Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en
los collados. Conozco a todas las aves de los montes, y todo lo que
se mueve en los campos me pertenece. Si yo tuviese hambre, no te lo
diría a ti; porque mío es el mundo y su plenitud. ¿He de comer yo
carne de toros, o de beber sangre de machos cabríos?”
Dios se opone a esta forma del culto, la cual es únicamente
externa y carece de contenido bíblico. Todo ha decaído para
convertirse en un mero show, consiste en una actividad religiosa sin
una relación genuina con Dios. Este es el reclamo que Isaías hace en
nombre de Dios, en el cap. 29, vers. 13:
“Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se
acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón
está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de
hombres que les ha sido enseñado”.
La verdadera adoración es una acción
del corazón
En medio de este formalismo, Dios le pide a su pueblo en los
versos 14 y 15: “Sacrifica a Dios alabanza, y paga tus votos al
Altísimo; e invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me
honrarás”.
Con estas palabras, Dios quiere decirle a su pueblo que un verdadero
sacrificio de alabanza no es algo externo, sino que es una acción
del corazón. Sí, Dios incluso lo repite, y dice: “Paga tus votos al
Altísimo” – ¡comprométete! De este tipo de adoración, depende la
hermosa promesa: “Invócame en el día de
la angustia; te libraré, y tú me honrarás”.
En nuestro próximo encuentro continuaremos con este mensaje,
estudiando los versículos 16 al 20 que dicen así:
“Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes
tú que hablar de mis leyes, y que tomar mi pacto en tu boca? Pues tú
aborreces la corrección, y echas a tu espalda mis palabras. Si veías
al ladrón, tú corrías con él, y con los adúlteros era tu parte. Tu
boca metías en mal, y tu lengua componía engaño. Tomabas asiento, y
hablabas contra tu hermano; contra el hijo de tu madre ponías
infamia”.
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