LAS CAÍDAS EN EL ESPÍRITU
El año pasado realicé un seminario de guerra espiritual en una ciudad cercana al puerto de Guayaquil, Ecuador. Entre las numerosas personas que asistieron a esta serie de reuniones en que prediqué y ministré liberación había una hermana en Cristo de una iglesia Pentecostés en una población vecina. Después de la primera reunión ella se me acercó para preguntarme acerca de un fenómeno espiritual que se ha vuelto muy popular en muchas iglesias pentecostales y renovadas no sólo en Guatemala sino en el mundo entero: Las Caídas.
Unas semanas antes de mi seminario había ministrado en Guayaquil un conocido predicador guatemalteco que se especializa en esta clase de manifestaciones. Urgida de una sanidad física (pues había sido desahuciada por los doctores), la hermana en mención había asistido varias veces al coliseo donde se llevaba
a cabo la campaña y al ser ministrada había caído de espaldas, no sólo una sino varias veces. Al preguntarle que había sentido o visto al encontrarse en esa posición, me contestó que realmente nada. Quizás lo único que experimentó fue una sensación de paz que apenas duró unos pocos minutos.
Aparentemente su cuerpo enfermo no había sido sanado a consecuencia de esta experiencia, pues ahora estaba presente en otro evento, buscando afanosamente su sanidad.
Una de las noches del seminario, mientras yo me dedicaba a atar y reprender demonios, la hermana cayó temblando y gritando bajo la influencia de un espíritu inmundo que le había sido enviado años antes por un brujo del área.
Después de una intensa lucha que duraría a lo más 15a 20 minutos, la hermana fue liberada de la opresión y sanada de la enfermedad. A la noche siguiente se me acercó nuevamente para decirme que todos los síntomas de su enfermedad habían desaparecido y que se sentía sana de pies a cabeza.
La entrevista que tuve con esa hermana ecuatoriana despertó en mí el deseo de volver a estudiar a fondo el tema de Las Caídas, ya que numerosos predicadores están promoviendo esta experiencia que para ellos es una demostración de que están operando bajo una "unción" nueva y mucho más poderosa. Los creyentes, ávidos de ver o sentir algo sobrenatural que evidencie la presencia real de Dios en medio de Su pueblo, fácilmente se prestan para que este tipo de experiencias ocurra muy a menudo. Ha habido personas que me han confesado que han "caído" incontables veces sin haber recibido mayor beneficio.
Aunque Las Caídas pareciera una experiencia novedosa, en realidad no lo es. Recuerdo que en la década entre 1945 y 1955 - y a raíz del avivamiento llamado "La Lluvia Tardía" (que originó en el Canadá y se propagó rápidamente a los EE.UU. y a otras naciones) - esta manifestación se popularizó. En ese entonces se le llamaba "Falling under the Power" (Cayendo bajo el Poder) o "Being Slain in the Spirit" (Siendo Fulminados en el Espíritu). Cuando el avivamiento terminó (principalmente por el abuso del don de profecía personal y por el libertinaje sexual de algunos de sus líderes), esta experiencia perdió su relevancia.
Durante el movimiento carismático (tanto en la iglesia católica como protestante, de 1965 a 1980) Las Caídas ocurrieron esporádicamente. En las campañas de una famosa evangelista, Kathryn Kullman, por cierto, muy usada por Dios, este fenómeno ocurría con mucha frecuencia. En las diferentes ocasiones en que la vi en persona o por televisión, ella llegó a "tumbar" a una misma persona hasta tres y cuatro veces, lo cual no tenía ninguna explicación racional ni escritural. En años recientes, cuando surgieron casi simultáneamente dos conocidos avivamientos en Toronto (Canadá) y Pensacola (Florida),
Las Caídas volvieron al primer plano.
Hace un par de años vi por televisión a un famoso evangelista que ante las cámaras hacía "caer" a congregaciones enteras con sólo mover su brazo, agitar su saco o soplar en el micrófono. Parecía más bien un "show" religioso que una manifestación genuina del Espíritu de Dios. Daba la impresión de que él quería "exhibir" su poder, buscando la aprobación y el aplauso del hombre. Al verlo, me preguntaba "¿Y de qué sirve esto?".
Debido a las numerosas críticas que recibió a través de los medios de comunicación, el evangelista se vio en la necesidad de modificar, aunque sea en parte, su estilo de ministración. La Biblia es categórica en decir que las manifestaciones del Espíritu son todas para "provecho" (1 Co. 12:7) y no para impresionar a los miles de espectadores presentes en un auditorio o mirando el programa a través de las pantallas de televisión.
No quiero juzgar la integridad y honestidad de algunos de los predicadores que entre nosotros fomentan este tipo de manifestación, ni tampoco quiero poner en tela de duda la sinceridad de los hermanos que se han sometido a ella. Es probable que algunos de ellos hayan recibido algún beneficio, aunque quizás superfluo o efímero. Pero creo con todo mi corazón que antes de aceptar y fomentar esta experiencia, deberíamos buscar en la Palabra de Dios si hay algún precedente bíblico que la justifique. La Biblia es nuestra única "regla de fe y orden" y todas nuestras doctrinas y experiencias deben estar basadas en ella (Is. 8:20: 1 Cor. 4:6 VA).
Numerosas personas tuvieron experiencias místicas en tiempos bíblicos, algunas difíciles de describir. Los profetas de la antigüedad "cayeron" en la presencia de Dios y tuvieron éxtasis, trances, visiones, arrobamientos o arrebatamientos en el espíritu, visitaciones angelicales, etc., a través de los cuales recibieron grandes revelaciones proféticas que han servido de guía y consuelo al pueblo de Dios. Experiencias de esta índole están ocurriendo con inusitada frecuencia en estos "postreros días" en la vida de personas que también han sido llamadas a un ministerio profético.
Un ejemplo bíblico que podría mencionar es el de Balaam, un verdadero profeta ungido de Dios (2 P. 2:16) que más tarde, debido a su codicia y rebelión, se convirtió en un vulgar adivino (Jos. 13:22). La Escritura nos dice que mientras Balaam estaba "caído" en tierra (Nm. 24:3-4,15-16), posiblemente en estado de trance, recibió algunas revelaciones extraordinarias acerca de la venida del Mesías y del futuro del pueblo de Israel (Nm. 24:5-9,17-19).
Pablo, que además de ser apóstol era profeta, tuvo algunas experiencias de este tipo. Durante la primera, en el camino a Damasco, tuvo un encuentro con el Cristo resucitado que transformó su vida (Hch. 9:3-7; 22:6-10; 26:12-18; 1 Cor.15:8. En otra ocasión ( Hech 22:17-21), orando en el templo de Jerusalén, fue “arrebatado” fuera de sí o tuvo un “éxtasis”, durante el cual vio al Señor que le decía que saliera de esa ciudad debido al peligro que corría. Quizás la experiencia más memorable que Pablo tuvo en este sentido está descrita en 2 Corintios 12:2-4, donde dice que en el cuerpo o "fuera del cuerpo" (eso es, en espíritu) fue llevado al tercer cielo (v.2) o al paraíso (v.4) donde vio u oyó cosas que no le fue permitido describir.
Otro personaje del Nuevo Testamento que tuvo experiencias similares fue Juan el Amado, también apóstol y profeta. En Apo. 1:9-10 el declara que en el día del Señor fue transportado "en el espíritu" para recibir una revelación del Cristo glorificado (Apo, 1:11-20) que lo deslumbre. Como resultado, él "cayó" como muerto a Sus pies. En el resto del libro de Apocalipsis, Juan narra algunas experiencias similares, cuando "en el espíritu" fue llevado a ver:
(1 ) el trono de Dios (Apo. 4:1 a 5:14 ); (2) la gran ramera, Babilonia la grande (Apo. 17:1 a 18:24); y (3) la Nueva Jerusalén (Apo. 21:9 a 22:5).
Al estudiar estas experiencias proféticas, descubrimos que la mayoría de ellas ocurrieron en forma sorpresiva y espontánea sin intervención humana de ninguna clase, y usualmente cuando las personas estaban buscando a Dios en oración y ayuno. Nadie les impuso manos; nadie les sopló. Ningún "catcher" estaba detrás de ellos para sostenerlos y colocarlos suavemente en el piso.
Al sentir la presencia del Señor, algunos de estos personajes bíblicos "se postraron sobre sus rostros" en humillación, rendición o adoración (una acción voluntaria y consciente) y otros simplemente "cayeron" (se desplomaron, una acción refleja e irresistible). A veces la manifestación del Espíritu fue tan poderosa que las personas tuvieron efectos físicos y anímicos notorios, quedando exhaustas e inconscientes en la presencia de Dios. Sólo recobraron el sentido y el vigor después de un largo período de postración.
En el Nuevo Testamento no encontramos ni un sólo caso de personas que hayan "caído" (como caen hoy) durante una ministración del Señor Jesucristo o de sus más inmediatos seguidores. Eso nos debería de dar en qué pensar ya que Jesús es el modelo de lo que todo siervo de Dios debería ser y hacer en esta dispensación. Es impresionante descubrir que las únicas personas que "cayeron" en tierra durante el ministerio público de Cristo fueron aquellas que estaban atadas u oprimidas por demonios (ver Mr.1:26; 9:20,26; Lc. 4:25; 9:42).
Lo mismo ha ocurrido numerosas veces en los seminarios de liberación que dicto en diferentes países. Al hacer una oración pública de liberación, los demonios se manifiestan, a veces en forma casi imperceptible y, en otras, en forma violenta. Algunas personas caen al suelo llorando, gritando, pataleando, etc. Estos casos son los más fáciles de discernir. Pero cuando no estamos seguros del origen de una manifestación, en obediencia a la Palabra "probamos" los espíritus para saber si son de Dios (1 Jn. 4:1). En muchas ocasiones descubrimos que el espíritu que se está manifestando es un demonio (a veces de tipo religioso) que nos está tratando de engañar, pretendiendo que es el Espíritu Santo.
¿Qué ocurre entonces cuando en reuniones públicas numerosas personas "caen" de espaldas al ser ministradas por algún siervo de Dios? Según mi experiencia personal, muchas personas ya vienen al altar predispuestas, anhelando una experiencia de esta naturaleza. En algunos casos he discernido que están operando bajo "el poder de la sugestión". Algunas de ellas al sentir el toque de la mano del ministro simplemente "se dejan ir" para atrás. Siempre habrá personas que simulen o pretendan sentir algo, con tal de no quedarse al margen cuando el "espíritu" está operando en esta forma.
Para evitar que esta clase de personas "caigan", al ministrar coloco suavemente una mano en la frente de la persona que ha venido al frente a recibir ministración, y la otra detrás de su nuca. Así detengo la "caída" cuando percibo en mi espíritu que la manifestación no es de Dios, sino de la carne. En casos como éste, le ordeno a la persona arrodillarse o postrarse en una actitud de arrepentimiento o de entrega personal a Jesucristo.
Si a pesar de las precauciones que tomo alguna persona "cae", me inclino o arrodillo a su lado y comienzo a reprender y exigir que el espíritu en ella se identifique. Muchas veces, la persona empieza a temblar, gritar, forcejear, etc., demostrando en forma evidente que otro espíritu, diferente al Espíritu Santo, está en ella. Lo que ocurre en estos casos es que la unción del Espíritu Santo operando en ese momento obliga a los demonios en la persona a manifestarse y, por lo tanto, es el tiempo más oportuno para liberarla de su opresión o cautividad.
Hace varios años visité la iglesia en el Canadá que se hizo famosa por Las Caídas. Durante más de un año esta iglesia se convirtió en la mayor atracción turística de Toronto. Miles de personas llegaban mensualmente de todo el mundo a observar los fenómenos espirituales que a diario estaban ocurriendo allí. La gente no sólo "caía", sino que se estremecía y se reía frenéticamente, llegando aun algunos a emitir sonidos roncos similares a los de ciertos animales. Algunas personas rebotaban como canguros y otros andaban "tocando" instrumentos musicales invisibles. Nadie se atrevía a interferir o a imponer el orden.
El día que yo visité la iglesia estaba presente un grupo de más de 70 japoneses que habían llegado directamente de Tokio a la reunión. Cuando se inició la ministración, la mayoría de ellos "cayeron" al piso y comenzaron a moverse espasmódica o rítmicamente. Me acompañaba en esa ocasión uno de mis hijos que, por cierto, no estaba en las mejores condiciones espirituales. Al manifestarse "el espíritu" en los japoneses, él se me acercó y me dijo: "Papá, estas personas tienen demonios, ¿por qué no oras por ellos para que sean libres?", a lo cual tuve que replicar: "No puedo, pues no estoy autorizado para hacerlo."
Era obvio que muchos de esos japoneses, quizás convertidos del budismo o shintoismo estaban seriamente afectados por espíritus inmundos y, sin embargo, nadie se interesó por ministrarles liberación. En realidad, esta iglesia había estado involucrada en la liberación antes de iniciarse "la renovación", pero habían dejado a un lado la liberación creyendo que habían descubierto algo más efectivo y más fácil que la liberación como remedio a los graves problemas de muchos seres humanos.
Puedo reportar que cuando visité la misma iglesia tres años más tarde las cosas habían comenzado a cambiar. Aunque todavía había algunas manifestaciones como las qué ya describí, sin embargo la iglesia se estaba nuevamente envolviendo en la liberación pues se habían dado cuenta que muchas personas que acudían a sus reuniones la necesitaban.
Durante uno de mis viajes al Canadá ministré en una filial de la iglesia de Toronto, donde con el permiso del pastor, "probé" los espíritus. Cuando exigí que se identificara el espíritu manifestado en un hombre caído de espaldas frente al pulpito, el hombre comenzó a retorcerse como serpiente, dando por fin un grito espeluznante: "¡Yo soy Satanás!" que hizo que todos los que estaban "caídos" alrededor de él saltaran y regresaran sobresaltados a sus asientos. Descubrí esa misma noche que el hombre en cuestión era anciano de la iglesia.
Varias veces le he pedido a las personas que creen y promueven la experiencia de "caer" (de espaldas, naturalmente) que me den pruebas fidedignas de que esto haya ocurrido en tiempos bíblicos. Y la única que me ofrecen es la que se encuentra en Juan 18:3-8 cuando Jesús en el jardín del Getsemaní se identificó ante la turba que venía a apresarlo amparada por la oscuridad de la noche. Cuando Jesús dijo: ¡Yo soy! (una expresión prohibida a los judíos de aquel tiempo por ser el nombre de Dios revelado a Moisés en Ex. 3:14), la Escritura dice que aquellos hombres, asustados, sorprendidos, "volvieron atrás, y cayeron en tierra."
Este pasaje no dice precisamente que ellos hayan caído de espaldas, sino que al retroceder cayeron al suelo, sin indicar precisamente en qué posición quedaron. Es obvio en este caso que Jesús ni los tocó, ni los empujó (como algunos desafortunadamente acostumbran hacerlo hoy), ni les sopló. Además es necesario observar que estos hombres no eran ni siquiera seguidores de Cristo y que no estaban siendo ministrados en el momento en que ocurrió el hecho. Horas más tarde, estos mismos hombres probablemente se unieron a la multitud que a voz en cuello gritaba: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale!
La única porción en toda la Biblia donde habla de "caer de espaldas" se encuentra en Isaías 28:13, donde a la letra dice: "...que vayan y caigan de espaldas, y sean quebrantados, y enlazados, y presos." Al leer estas palabras nos deberíamos detener a reflexionar, ya que los resultados de esta experiencia no parecen ser nada favorables.
Es interesante notar en las Sagradas Escrituras que casi la totalidad de las personas que "cayeron" bajo el poder de Dios cayeron hacia adelante (sobre sus rostros) y no de espaldas. Algunos ejemplos:
1) Génesis 17:3,17 - Abraham "cayó sobre su rostro" cuando Dios se le apareció para revalidar Su pacto con él.
2) Levítico 9:23, 24 - Moisés, Aarón y el pueblo "cayeron sobre sus rostros" cuando la gloria de Jehová se apareció a vista de todo el pueblo.
3) Josué 5:14 - Josué "se postró sobre su rostro y adoró" cuando tuvo un encuentro en las afueras de Jericó con el "Príncipe del ejército del Señor" (posiblemente una Cristofanía, una manifestación del Hijo de Dios preencarnado).
4) Jueces 13:20 - Manoa y su mujer "se postraron en tierra sobre sus rostros" cuando vieron el milagro que hizo el ángel del Señor que había venido a anunciar el nacimiento de su hijo Sansón.
5) 1 Reyes 18:38,39 - Elías y el pueblo "cayeron sobre sus rostros" cuando el fuego del Señor cayó sobre el altar construido sobre el Monte Carmelo.
6) 2 Crónicas 7:3 - Los hijos de Israel "cayeron en tierra sobre sus rostros, y adoraron" cuando vieron descender el fuego y la gloria del Señor durante la dedicación del templo de Salomón.
7) Ezequiel 1:28 - Ezequiel testifica: "caí sobre mi rostro" cuando vio la visión de la semejanza de la gloria de Dios. Lea también Ezequiel 9:8; 11:13; 43:3 para descubrir otras experiencias proféticas similares.
8) Daniel 2:46 - Nabucodonosor "cayó sobre su rostro" cuando escuchó la interpretación de la visión de la grande imagen descrita en Daniel 2:31-35.
En el Nuevo Testamento no encontramos ni un solo caso de personas que hayan "caído en el espíritu" (como caen hoy) durante una ministración del Señor Jesucristo.
9) Daniel 8:17,18-Daniel, como profeta, declara: "me asombré y caí sobre mi rostro...caí dormido en tierra sobre mi rostro" cuando fue ministrado por el ángel Gabriel. Daniel tuvo una experiencia similar cuando, según Daniel 10:5-9, se le apareció un "varón vestido de lienzos".
10) Mateo 17:6 - Pedro, Juan y Jacobo en el monte "cayeron sobre sus rostros" cuando vieron al Cristo transfigurado hablando con Moisés y Elías (Jn. 1:14: 1 P. 1:17,17).
11) Apocalipsis 1:17 - Juan el Anciano indica: "caí como muerto a sus pies", cuando tuvo la visión de Jesucristo glorificado (Ap. 1:12-16).
En conclusión, quiero decir que después de más de 35 años de vida y ministerio en el Espíritu y de un estudio intensivo de la Palabra de Dios he llegado a las siguientes conclusiones:
1. Que en la Biblia SÍ existe una experiencia en que individuos o congregaciones enteras cayeron espontánea y reverentemente postradas en la presencia de Dios (sobre sus rostros y no de espaldas) en una actitud de humillación, rendición y adoración.
2. Que esta experiencia fue en muchos casos conmovedora e impactante, pues durante ella sintieron la gloria de Dios o vieron la manifestación de Dios como fuego o como ángel.
3. Que en ninguno de los casos bíblicos hubo intervención humana alguna. Nadie provocó la caída, tocando, soplando, etc.
4. Que cuando una persona cae (de espaldas, particularmente), haya sido tocada o no, es necesario "probar los espíritus" (1 Jn. 4:1-6) para ver quién se está manifestando en ese momento, el Espíritu Santo o un espíritu maligno. En este último caso, hay que proceder a liberarla.
Todos los pasajes bíblicos que hemos considerado en este escrito, nos obligan a reevaluar nuestra posición en cuanto a Las Caídas, llamadas por algunos "el Reposo." Si llegamos a comprobar que esta experiencia (como algunos la practican hoy) no tiene apoyo en los escritos del Antiguo y Nuevo Testamento, deberíamos descartarla, pues podría ser aprovechada por el enemigo para transferirnos espíritus de error que a la postre nos podrían desviar del camino de Dios.
Norman Parish, un veterano misionero que ha laborado en la América Latina durante casi 45 años, está afiliado a la Cruzada Misionera Continental, una entidad dedicada al evangelismo y a la expansión misionera en 14 diferentes países del continente americano.