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Lidia la vendedora de Púrpura Autor : Herman Hartwich
El gran apóstol San Pablo quien antes de su conversión era Saulo de Tarso. Un hombre muy religioso un hombre extremadamente religioso y bastante celoso de su religión. Pero que carecía de una relación personal con Dios. Iba encomendado por las autoridades religiosas de su tiempo en persecución de aquellos que estaban siguiendo el camino de Jesucristo entonces tuvo un encuentro personal con Jesucristo. Y allí experimentó un cambio radical en su vida. De perseguidor luego se transformó en un seguidor de Jesucristo y posteriormente un perseguido. En aquel momento en el que él tuvo un encuentro con Jesucristo. Entre otras cosas Jesús le dijo que le enviaba a todo el mundo, especialmente a aquellos que no eran judíos para que abran sus ojos. Para que se conviertan de las tinieblas a la luz. Y de la potestad de Satanás a Dios para que reciban por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados. Pablo en su misión de evangelizar, en esa pasión por las almas que iba en aumento día a día, Dios le había dicho que hablara, que no callara, porque había mucho pueblo que estaba deseando creer en el evangelio y experimentar la paz que conlleva el recibir el evangelio. Entonces él comenzó a predicar. Y al llegar a todo el mundo conocido de aquella época con la palabra del Evangelio, realmente Pablo tenía un corazón ardiente. Era un fuego que le quemaba dentro de su corazón. La palabra del Evangelio es como las palabras que dice Jeremías. Que era como un fuego que ardía, no puedo callar. No nos podemos hallar inmersos en un mundo tan necesitado, tan problemático, tan lleno de tragedia, de horrores realmente, de tanto temor, de tanta angustia, Nosotros tenemos en el evangelio la palabra de Esperanza. La palabra de vida. En el libro de los hechos capítulo 16, verso 12 al 15, donde el autor de este libro era el evangelista y médico Lucas, que era en parte también ayudante en esta obra ministerial y misionera dice que cuando llegaron a Filipos, que era la primera ciudad de la Provincia de Macedonia, y una colonia, y estuvimos en aquella ciudad algunos días, y un día de reposo salimos fuera de la puerta junto al río donde solía hacerse la oración. Y sentándonos hablamos a las mujeres que se habían reunido. Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios estaba oyendo. Y el Señor abrió el corazón de ella, para que estuviese atenta a lo que Pablo decía. Y cuando fue bautizada y su familia nos rogó diciendo: si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor entrad en mi casa y posad y nos obligó a quedarnos. Aquí tenemos algo muy interesante, saben que en todas partes, en todos los lugares siempre hay algunas personas que tienen inquietudes espirituales y que se juntan, a veces se conocen y se pueden identificar unas con las otras, en su interés por las cosas espirituales en su deseo de dirigirse a Dios o de buscar a Dios en cierta manera. En este caso un grupo de mujeres, allí en esa ciudad de Filipos, en medio de una ciudad pagana, quizá rodeada de millares de dioses, de ídolos, pero que no satisfacen el alma. Esos ídolos muertos que como dicen la Biblia, tienen ojos pero no ven, tienen boca pero no hablan, tienen pies mas no andan, los tienen que llevar. Mucha gente está prendida de las imágenes, de los ídolos y no encuentran respuesta. Porque la respuesta está solamente en el Dios vivo y verdadero, el Creador de los cielos y de la tierra el Creador de esta nuestra vida, el que puso espíritu en nosotros. Y que es el único con quien podemos relacionarnos, verdaderamente. En este caso encontraron a una mujer, Lidia, que junto con otras mujeres, allí en un día de reposo, no había sinagoga allí en ese lugar, seguramente habían muy pocas personas judías y no justificaba tener allí una sinagoga. Estas mujeres estaban junto al río. Que interesante que las mujeres, siempre las mujeres parecen que van adelante, antes que los hombres; ¿será que las mujeres son más sensibles a la palabra del Evangelio? ¿Será que las mujeres son más dispuestas a humillar su corazón y a reconocer sus necesidad? nosotros trabajamos con matrimonios que están en problemas, en crisis y la realidad es que generalmente las mujeres son las mas sensibles, y las mas dispuestas a buscar ayuda para su vida de matrimonio para solucionar para cambiar para vencer los problemas, los hombres son más reacios en este caso, también las mujeres estaban buscando, de Dios. Siempre hay un momento oportuno, para hablar, sí, siempre hay un momento oportuno, para hablar. El apóstol Pablo con sus compañeros allí comenzaron a hablar a esas mujeres que estaban buscando el rostro de Dios, la bendición de Dios. Lidia se le identifica como una mujer quizá, artesana, comerciante. Porque era vendedora de Púrpura, de la ciudad de Tiatira que se destacaba por sus manufacturas, pero que también adoraba a Dios. Adoraba a Dios y esto me hace pensar que ella estaba necesitando a Dios y que adoraba a Dios quizá sin conocerle, como el apóstol Pablo más adelante en el capítulo 17 de este libro de los Hechos en la ciudad de Atenas encuentra tantos altares y encontró uno que decía al Dios no conocido. Entonces él dijo a la población de Atenas, justamente a ese Dios que ustedes adoran sin conocerle es el que yo os anuncio. Esta mujer adoraba a Dios sin conocerle pero tenía inquietud de conocerle y estaba oyendo. Tu estás oyendo en este momento la palabra del Evangelio, pero hay un detalle aquí que dice, que el Señor aquí abrió el corazón de ella para que estuviera atenta a lo que Pablo decía, muchas personas oyen pero sólo con los oídos, no disponen su corazón para que esté atento a la palabra de amor de Jesucristo. Es necesario que tú pongas atención a la palabra de Dios. No solamente escuches con los oídos. Permite que la Palabra de Dios, cale Hondo dentro de tu ser íntimo, allí donde en lo secreto de tu corazón que reconoces tu soledad, que reconoces tu vacío espiritual, que reconoces tu temor, porque hay en nosotros, hombres y mujeres pecadores un temor interno, íntimo allí en lo secreto porque sabemos que hemos de comparecer delante del trono de Dios, y ¿qué de nuestros pecados? Pues justamente para librarte de ese temor, para quitarte ese temor, para darte seguridad, para estar frente al Juicio de Dios, y ser hallado justificado, es que vino el Señor Jesucristo. Esta mujer encontró lo que buscaba. E inmediatamente abrazó a Jesucristo. Y es tanto así que ella misma en ese momento o en ese día pidió a los apóstoles ser bautizada, porque quería ser identificada con el cuerpo de Cristo. Quería mostrar públicamente que ella moría a la vieja vida, y ahora disfrutaba de una nueva vida. Es necesario, que reconozcamos nuestra necesidad de Dios y que reconozcamos que en la persona del unigénito Hijo de Dios, Jesucristo tenemos la salvación. Sólo por él y por nadie más. Abre tu corazón, deja que salga todo aquello que no sirve. Que el Señor lo saque y ponga en ti paz, seguridad y amor. Que Dios te bendiga. |