Viajes de Pablo

 

La segunda parte de los Hechos de los Apóstoles tiene como protagonista principal a Pablo y sus viajes misioneros. Esta es la fuente principal que permite reconstruir estos viajes. El primer viaje se halla narrado en los c.13-14, del Libro de Hechos de los Apóstoles, el segundo en 15,40-18,22 y el tercero en 18,23-21,17.

1. Las fechas más probables para el primer viaje son los años 46-47 D.C. Este proyecto misionero fue una iniciativa de la comunidad de Antioquía. Fueron designados para llevarlo a cabo Bernabé y Pablo. Es probable que la elección de dos misioneros se remonte al comportamiento de Jesús (Lc 10:1) y a la mentalidad judía que exigía el acuerdo de dos testigos para la validez del testimonio. Con ellos iba Juan Marcos, originario de Jerusalén, como colaborador, aunque no se especifica en qué consistía su ayuda.
El primer destino es Chipre; la elección de esta isla se debió probablemente a Bernabé, pues era originario de dicho lugar (Hch 4:36). Para ello bajaron al puerto de Seleucia, donde se hicieron a la mar. Desembarcados en Chipre, se dirigieron a Salamina para comenzar su misión. Allí iniciaron la predicación del Evangelio yendo a las sinagogas y utilizando las ocasiones de reuniones litúrgicas, ya que la población judía que habitaba en la isla era muy numerosa. Desde Salamina marcharon a Pafos, ciudad marítima en la punta opuesta de la isla, lugar de residencia del procónsul romano. En esta ciudad fueron invitados por el procónsul Sergio Paulo, que se convirtió al cristianismo.
La siguiente etapa fue a algunas ciudades de Panfilia, Pisidia, y Licaonia, regiones de Asia Menor. Zarpando de Pafos, llegaron a Perge de Panfilia, donde Juan Marcos decidió regresar a Jerusalén. Después de atravesar la provincia de Panfilia, llegaron a Pisidia, concretamente a la ciudad de Antioquía. Los sábados participaron en la liturgia sinagogal, y al final de la misma Pablo solía anunciar el Evangelio a la comunidad judía. Como consecuencia de esta predicación muchos judíos se unieron a Pablo y Bernabé. Sin embargo, un grupo de judíos se enfrentaron con Pablo y le impidieron seguir predicando en la sinagoga. Esta circunstancia obligó a los misioneros cristianos a difundir el mensaje evangélico en otros ámbitos abiertos también a los gentiles. El éxito de la misión cristiana fue tal que los adversarios judíos, encendidos de celo santo ante lo que consideraban una apostasía de la fe judía, con ayuda de algunas mujeres importantes de la ciudad, lograron expulsar a los misioneros cristianos, que se dirigieron a la ciudad de Iconio.
Llegados a ella, según su costumbre, se dirigieron a la sinagoga, donde anunciaron la salvación en Cristo Jesús. Una vez más, muchos judíos creyeron. Pero los adversarios judíos soliviantaron los ánimos de la ciudad, que terminó dividiéndose en dos bandos. La situación se hizo peligrosa para Pablo y Bernabé, que huyeron a la región de Licaonia, a las ciudades de Listra y Derbe. En Listra, Pablo sanó a un cojo de nacimiento; el milagro dejó maravillados a los habitantes, que acabaron identificando a Bernabé con el dios Zeus y a Pablo con Hermes. Pero la tranquilidad no duró mucho, pues unos judíos de Antioquía e Iconio vinieron a Listra con el objetivo de suscitar el rechazo de Pablo y Bernabé entre los habitantes de aquel lugar. Como consecuencia de esta labor de oposición Pablo fue apedreado y dado por muerto. Sin embargo, se recuperó prontamente y, dejando la ciudad, marchó con Bernabé a Derbe, donde predicaron con éxito el Evangelio.
Realizaron el regreso a Antioquía pasando por las diferentes ciudades evangelizadas anteriormente con el fin de confortarlas en la fe e indicar responsables en cada una de ellas. Llegados a Atalía, embarcaron para Antioquía, donde contaron a todos los miembros de la comunidad el viaje y los frutos de su labor misionera. Pablo y Bernabé se quedaron con la comunidad más de un año.


2. El segundo viaje misionero se desarrolló durante los años 49-52. A causa de un mal entendimiento con Bernabé, Pablo eligió a Silas como compañero para este viaje. Después de recorrer Siria y atravesar las montañas del Tauro por las puertas de Cilicia, llegaron a esta región, donde visitaron y consolidaron las comunidades existentes. Más tarde llegaron a las ciudades de la región de Licaonia donde Pablo había fundado comunidades en el viaje anterior. En Listra encontró un nuevo colaborador, Timoteo, hijo de madre judeocristiana y padre gentil. Dado su origen judío, y queriendo permitirle participar en las reuniones sinagogales, Pablo decidió circuncidarle. Atravesaron las regiones de Pisidia, Galacia occidental y Frigia, llegando cerca de la región de Misia. La intención de Pablo era subir a predicar el Evangelio en Bitinia, pero las circunstancias no fueron favorables, por lo que cambió de planes. Bajó a Tróade, puerto de mar, donde encontró a Lucas, autor de los Hechos de los Apóstoles, que se unió a la expedición. Desde allí, Pablo embarcó con sus compañeros rumbo a Samotracia, en Grecia.
Desembarcados en Neápolis, se dirigieron a Filipos, ciudad de la región de Macedonia. No se han encontrado restos arqueológicos de una presencia judía en esta ciudad. Este dato explicaría el gesto inusual de Pablo y sus compañeros de acudir el sábado a orillas de un río, donde esperaban hallar un lugar de oración. En efecto, allí encontraron a algunas mujeres y les propusieron el Evangelio. Entre ellas se encontraba Lidia, originaria de Tiatira, donde se había hecho simpatizante de la religión judía; convertida al cristianismo, ésta hospedó a los misioneros en su casa. Permanecieron allí un periodo largo predicando la Buena Nueva; utilizando para ello el lugar habitual junto al río. Con ocasión de un exorcismo realizado por Pablo, éste y Silas fueron arrestados, y los magistrados de la ciudad, después de mandar apalearlos, los encarcelaron (cf. 1Tes 2:2). Estando en la cárcel, mientras ellos estaban cantando himnos a Dios, hubo un terremoto y se abrieron todas las puertas y los cepos se soltaron. Este fenómeno extraordinario favoreció la conversión del carcelero y toda su familia. Poco después abandonaron la ciudad y, pasando por Anfípolis y Apolonia, fueron a Tesalónica, situada junto al mar.
Esta ciudad marítima era la capital de Macedonia. En ella la presencia de judíos era notable y Pablo con sus compañeros fueron varios sábados a la sinagoga para anunciarles la salvación en Jesucristo. La predicación logró la conversión de algunos judíos, muchos griegos temerosos de Dios y bastantes mujeres principales. Los judíos celosos echaron mano de maleantes y alborotadores y soliviantaron la ciudad. Pablo y Silas tuvieron que huir a Berea. Allí, según su costumbre, fueron a la sinagoga, donde continuaron con su labor misionera. Los judíos de aquella ciudad los acogieron con buen ánimo y muchos de ellos se convirtieron al cristianismo; también bastantes mujeres distinguidas y griegos. Pero los adversarios judíos de Tesalónica, al tener conocimiento de la labor realizada por Pablo en esa ciudad, fueron allá y lograron alborotar a los habitantes. Una vez más, Pablo se vio obligado a huir; en aquella ocasión sus compañeros, Silas y Timoteo, pudieron quedarse en Berea.
Pablo, conducido por sus guías, llegó a Atenas, donde tuvo lugar su famoso discurso en el Areópago; pero el anuncio de la resurrección de Jesús motivó el sarcasmo de sus oyentes. Los convertidos al cristianismo en esta ciudad fueron muy pocos. El Apóstol no se quedó allí mucho tiempo, sino que partió para Corinto, donde se estableció por un tiempo largo, según Lucas: un año y seis meses. En esta ciudad Pablo conoció un matrimonio judío, Aquila y Priscila, expulsado de Roma en tiempos del emperador Claudio; llegaron a ser grandes colaboradores suyos. También durante su estancia allí visitó la sinagoga cada sábado y se esforzó por convertir a los judíos y temerosos de Dios al cristianismo. Ante la resistencia de los judíos decidió abandonar la sinagoga e instalarse en una casa contigua que pertenecía a un tal Tito Justo, un temeroso de Dios. Entre los convertidos al cristianismo, además de muchos griegos, estaba Crispo, el archisinagogo, y toda su familia. También en esta ciudad los judíos intentaron impedir la difusión de la fe cristiana; con este fin, prendieron a Pablo y lo llevaron ante el tribunal del procónsul Galión, acusándole de difundir un culto contrario a la Ley judía. Pero Galión, al tratarse de una cuestión interna al judaísmo, se declaró incompetente para juzgar la acusación y les mandó despejar el tribunal.
Después de su estancia en Corinto, decidió regresar a Antioquía de Siria. Acompañado de Aquila y Priscila, se embarcó en Cencreas y fue a Efeso. Allí predicó también en la sinagoga y, a pesar del interés suscitado, no se detuvo mucho tiempo. Habiendo dejado en Efeso a Aquila y Priscila, embarcó de nuevo y marchó a Cesarea; desde allí bajó a Antioquía, dando por concluido su segundo viaje misionero.


3. Realizó su tercer viaje durante los años 53-57. Entre los colaboradores de este periplo misionero se hallan Timoteo, Tito y Lucas. Partiendo de Antioquía, recorrió las regiones de Galacia y Frigia visitando las comunidades establecidas en diferentes ciudades. Al llegar a Efeso, decidió establecerse allí por más de dos años. Durante los primeros meses utilizó las reuniones sinagogales para anunciar a Jesucristo a los judíos. Ante la resistencia de algunos de ellos utilizó la escuela de Tirano para continuar su trabajo misionero. Al ser Efeso una ciudad muy visitada, la estancia de Pablo en ella permitió a muchos judíos y gentiles de otras partes oír el anuncio evangélico. El éxito de la predicación de Pablo, según refiere Lucas, fue tal que puso en peligro las ganancias de los plateros que fabricaban estatuillas de la diosa Artemisa, venerada en Efeso. Por este motivo, un tal Demetrio, de oficio platero, junto a otros compañeros artífices, produjo un tumulto en la ciudad contra Pablo y la comunidad cristiana. Pero la astucia con que llevaron el asunto algunos amigos de Pablo permitió que el tumulto se deshiciera sin lamentar ningún daño.
Sin embargo, algunos rasgos del relato que tenemos en el libro de los Hechos no encajan bien con esta imagen de una predicación paulina eficaz en Efeso. En primer lugar, aunque la permanencia de Pablo en esta ciudad fue bastante larga, unos tres años, Lucas menciona explícitamente muy pocas conversiones. Por otra parte, resulta extraño que después de esta permanencia prolongada el Apóstol abandone Efeso y no vuelva jamás a ella. Incluso en su camino de vuelta a Jerusalén, cuando quiere despedirse de los presbíteros de Efeso, no lo hace en esta ciudad, sino en Mileto. También resulta llamativo que los únicos miembros de la comunidad cristiana nombrados por Lucas sean todos judíos, sin que tengamos otras evidencias en sus escritos de la existencia de una significativa comunidad gentil. Por último, sorprende también que la revuelta de los plateros no se convierta en una persecución a los miembros de la comunidad cristiana local; los únicos apresados son dos compañeros de misión del Apóstol, Gayo y Aristarco, procedentes de Macedonia.
Leyendo con atención el discurso de Mileto (Hch 20:17-35), encontramos algunas alusiones que confirman la sospecha de que la estancia del Apóstol en Efeso no supuso un avance cómodo y arrollador de su misión. Desde el comienzo del discurso, Pablo recuerda los trabajos que tuvo que padecer en Efeso a causa de la conspiración de los judíos; algo que aparece muy de pasada en Hch 19:9. A pesar de esta oposición, él no se retrajo, sino siguió predicando en público y por las casas. Por otra parte, tenemos en el discurso una declaración solemne sobre su no responsabilidad en la suerte de los otros (Hch 20:26), como si no los hubiera engendrado en la fe y, por tanto, no se reconociera padre de ellos. Y termina su alocución de despedida presagiando grandes dificultades para la comunidad. Por lo demás, Pablo hace referencia en varias ocasiones a las dificultades que sufrió en Efeso. Seguramente su estancia en dicha ciudad ejemplifica los trabajos y peligros que sufrió recorriendo los países de Asía Menor y Grecia por hacer llegar a los hombres el beneficio de la fe en Cristo, del Evangelio.
Poco después Pablo salió para Macedonia y Acaya, donde residió tres meses. Durante este periodo, a causa de la colecta en favor de los necesitados de Jerusalén y Judea, visitó de nuevo Filipos y Corinto. Informado de las maquinaciones que los judíos estaban tramando contra él, decidió cambiar sus planes de retorno inmediato a Siria. Desde Filipos se embarcó para Tróade, donde se detuvo una semana. Allí realizó la resurrección de un joven, Eutico, que se había matado al caer de la ventana de un tercer piso desde donde estaba escuchando la predicación de Pablo; la duración del discurso favoreció que el joven se adormeciera y perdiera el equilibrio. Desde Tróade fue por tierra hasta Aso, donde le recogieron en un barco para llevarlo a Mileto. En esta ciudad se despide de los responsables de la comunidad de Efeso. Habiéndose hecho a la vela de nuevo, después de pasar por Cos, Rodas, Pátara, llegó a Tiro, donde se quedó con la comunidad una semana. Embarcándose de nuevo, llegó con sus compañeros a Tolemaida, y posteriormente a Cesarea Marítima, y allí se quedaron bastantes días hospedados en la casa de Felipe, el diácono. Desde allí subieron a Jerusalén, donde fueron recibidos con gozo por la comunidad cristiana de la ciudad santa.
En Jerusalén Pablo, acusado de haber profanado el templo al introducir con él unos gentiles, estuvo a punto de morir en un linchamiento. El tribuno de la cohorte romana de la torre Antonia le liberó de las manos del gentío, pero lo retuvo en el acuartelamiento militar con el fin de averiguar qué delito había cometido. En sus intentos de saber qué había sucedido, el tribuno tuvo conocimiento de una conjura contra la vida de Pablo, por lo que decidió enviar el prisionero al procurador Felix, que residía en Cesarea Marítima. Felix, en lugar de resolver el asunto prontamente, dio largas esperando conseguir dinero por la liberación de Pablo. Este permaneció prisionero en Cesarea durante unos dos años hasta la llegada del sucesor de Felix, Porcio Festo, quien, queriendo resolver el asunto pendiente, decidió juzgar a Pablo en Jerusalén, según la petición que le habían dirigido las autoridades judías. Pero Pablo, reclamando el derecho que le concedía su ciudadanía romana, apeló al tribunal del César, obligando así al procurador a enviarlo a Roma.


4. El viaje de Pablo prisionero a Roma está narrado en los dos últimos capítulos de Hechos (27-28). Lucas narra vivamente y con detalle este viaje marítimo por ser uno de los que acompañaron al Apóstol. Se hicieron a la vela en los últimos meses del año 60. El barco navegó desde Cesarea hasta el puerto de Sidón, donde atracaron; desde allí bordearon las costas de Chipre, Cilicia y Panfilia y echaron anclas en Mira de Licia, en cuyo puerto cambiaron de nave. La navegación se hizo lentamente desde las costas de Gnido hasta la isla de Creta, donde atracaron en un lugar llamado Puertos Hermosos. El tiempo de invierno estaba cercano y la navegación bastante insegura, por ello decidieron buscar un puerto apto para pasar el invierno, eligiendo otro puerto de Creta, llamado Fenice. Sin embargo, una violenta tempestad los arrastró mar adentro. Durante catorce días fueron a la deriva, hasta que la tempestad los arrastró a la isla de Malta. Acogidos con gran humanidad por los habitantes de la isla, pudieron permanecer allí durante tres meses. Al comienzo de la primavera del año 61, se hicieron a la vela en una nave de Alejandría y llegaron a Siracusa, ciudad siciliana, donde se detuvieron tres días. Después de pasar por Regio, llegaron a Pozzuoli, donde fueron acogidos por una comunidad cristiana; allí se quedaron una semana. Desde allí se encaminaron a Roma atravesando Foro Apio y Tres Tabernas. En la capital del imperio Pablo pudo alquilar una casa; en ella vivió dos años bajo custodia militar, pero con libertad de acoger a todos los que acudían y de anunciarles la fe en Jesucristo. Muy probablemente en el año 63 consiguió de nuevo la libertad y pudo cumplir otros viajes. Según una tradición antigua, tuvo oportunidad de realizar su gran deseo de venir a España (cf. Rom 15,28).

 


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